viernes, 20 de enero de 2017

Un olvido olímpico

Opinión previamente publicada en el Diario Olé (11/10/2016) por Claudia Villapun



En el 2014, Mariano Mastromarino se quedó con la Maratón de Buenos Aires, en un final electrizante en el que hasta quisieron sacarlo del recorrido por confundirlo con un intruso. En el 2015, Luis Molina consiguió su marca olímpica corriendo allí, en una jornada histórica. Los dos, pese a no ser porteños, tienen esa relación sentimental con el evento. Quizá por eso, además de la relación que los une con otros dos olímpicos, Miguel Bárzola y Javier Carriqueo es que aceptaron ser las liebres, marcarles el paso, a ellos dos, ayudarlos a concretar sus objetivos. La organización, orgullosa, difundió la noticia que no era menor: cuatro representantes argentinos en diferentes Juegos (Beijing, Londres y Río) iban a estar participando allí el domingo. El problema fue, claro, que nadie los fue a buscar.

Mientras cada uno prepara sus objetivos (el de Mastromarino correr los 42k en Nueva York el 6 de noviembre, y el de Molina ir a Valencia a buscar marca para el Mundial de Londres 2017, el 20 de noviembre), no dudaron en participar de la carrera para ayudar. El trato era acompañarlos hasta el kilómetro 25 (la fuente Lola Mora, en Puerto Madero), y así ocurrió. El problema fue que el auto que debía pasarlos a buscar por el K29 (también en Puerto Madero, por las vueltas del recorrido era a pocos metros del K25) no estaba y ambos corredores quedaron varados y lejos de la meta. "En el 29 tenía que haber un auto que nos llevara a la llegada, queríamos volver a ver la llegada y no teníamos cómo volvernos. Le pedimos 100 pesos a un conocido y nos subimos a un taxi, le dijimos 'acercanos lo más que puedas' y nos dejó a 4 kilómetros. Así que volvimos cuatro más, pero no queríamos correr más. Por suerte llegamos a ver a los punteros", contó Mastromarino en un video difundido por el sitio IloveRunn. El marplatense, medalla de bronce en Toronto y 53 en Brasil 2016, y el Lobense, campeón argentino de 10.000 metros y 89° en Río, casi terminan haciendo dedo... Un papelón olímpico 

Ahora, ambos corredores viajarán el viernes a Cachi, Salta, el lugar elegido por Leonardo Malgor, entrenador de ambos, para realizar la preparación. Los dos tienen compromisos por delante y una anécdota más para contar... 

"Volveré a jugar cuando me retire"

Entrevista publicada previamente en Diario Olé (11/11/2016)

Mariano Mastromarino viene de ser 16° en la maratón de Nueva York y confiesa que extraña el fútbol. "Ahora me cortan las patas si me voy a jugar con mis amigos".


Mariano Mastromarino, 16° en la maratón de Nueva York, tiene mucho por correr aún, pero sueña con patear una pelota después de nueve años.

En la maratón de Nueva York, Raúl González, el ex delantero del Real Madrid y la selección española, sorprendió a todos debutando con 3h26m05 en sus primeros 42 kilómetros y 195 metros. Luis Enrique, DT del Barcelona, logró en su momento bajar las tres horas en la misma distancia. Después del fútbol, para ellos, llegó la hora del running. Pero para Mariano Mastromarino, el mejor argentino en los Juegos Olímpicos Río 2016 y el mejor latinoamericano en la Gran Manzana el pasado domingo -llegó en el puesto 16°-, es justamente al revés: su sueño es dejar de correr para volver a jugar a la pelota. "Si lo hago ahora, me cortan las patas", dice entre risas.

Cuenta que desde hace ocho o nueve, no toca una pelota de fútbol. Hasta los 12 años, el Colo jugaba de volante central en Alvarado de Mar del Plata, donde su papá era parte de la Comisión Directiva y su madre en la Cooperadora del club. Hasta llegó a ser alcanzapelotas en algún partido del primer equipo. "Iba al jardín a los tres años y jugaba al fútbol ahí, desde muy chiquito. Después, de más grande, jugaba todos los jueves a la noche con mi hermano y un grupo de amigos. Una vez fui a jugar en cancha grande con él y después de eso estuve una semana sin poder caminar porque me dolía todo, me contracturé y fue la última vez que fui porque veía que no era conveniente", explica.

-¿Ahí dejaste?
-Si, además de que me comí mil cagadas a pedos de Daniel Díaz, mi entrenador en ese momento. También en una época con los chicos del entrenamiento hacíamos fondistas contra velocistas. Al poco tiempo de empezar con el atletismo, dejé el fútbol por un tema de horarios. Me quedaban los jueves, pero después no fui más. Eso fue hace ocho o nueve años...

-¿Y qué te pasa con eso? ¿Te da lo mismo o se extraña?
-Se extraña, siempre se extraña, no sólo el partido sino también el después, juntarse a tomar algo. Cuando me retire volveré a jugar con ellos. Los buscaré, me encontraré de nuevo a jugar con mis amigos. Quiero volver a jugar.

-Ahora es imposible...
-Me corta las patas si le llego a decir a Leo Malgor que me voy a jugar un partido de fútbol con mis amigos. Mastromarino tiene apenas 34 años y mucho por correr aún. En el 2015 ganó la medalla de bronce en los Panamericanos de Toronto; tuvo su experiencia olímpica en los Juegos 2016, llegando en el puesto 53; el domingo 6 de noviembre fue a correr con la élite mundial a Nueva York, invitado especialmente; y ya tiene la marca para ir al Mundial de Londres en el 2017. A la hora de pisar la calle, Mariano se muestra como un corredor tranquilo, pensante, equilibrado...

-¿Cómo eras jugando al fútbol?

-Jugaba en el medio, subía y bajaba, estaba todo el tiempo corriendo, no sé si tocaba muchas pelotas pero corría. Me podría identificar con uno que no jugaba en el medio pero que se movía como yo, un Clemente Rodríguez, que estaba siempre corriendo. O en realidad con uno más calentón, porque yo era bien calentón cuando jugaba al fútbol. Luis Molina, su amigo, también atleta olímpico y ahora compañero de entrenamientos en Mar del Plata con el Malgor Track & Field, lo ayuda en la elección de un parecido, y va por otro lado. "El me dice que ahora sería más como un Iniesta, como un Riquelme. Más pensador, un tipo más tranquilo, inteligente, por cómo encaro las carreras... No me quiero comparar con ellos igual, jaja", se divierte. Y mientras corre, claro, sigue pensando en la pelotita...

miércoles, 18 de enero de 2017

"Voy al psicólogo por el maratón"

Entrevista publicada previamente en Diario Olé (8/09/2016) por Claudia Villapun


Diego Elizondo, ganador de los 21k del domingo, es sargento del Regimiento de Montaña. Sueña con Tokio 2020 pero lo atemoriza nunca haber llegado a los 42 k. 


Los militares tenemos campeonatos sudamericanos, mundiales y Juegos Olímpicos. Fui campeón en Colombia y subcampeón en Finlandia, Mi disciplina era el pentatlón militar, que incluye cinco pruebas. Natación con obstáculos, tiro de 200 metros, pista de combate, cross country y lanzamiento de granada...”. 




Se hace un silencio. Diego Elizondo lo dice con la soltura de quien está acostumbrado, pero al oído común suena extraño. No, no explotan y tienen dos objetivos: distancia y precisión. El ganador de los 21k de Buenos Aires y de la Copa Olé 20 años es sargento en el Regimiento de Infantería de Montaña en San Juan. Comenzó su carrera deportiva en el ejército, al que entró a los 15 años. Y cuando fue trasladado nuevamente a su provincia fue que decidió dedicarse específicamente a correr.

Este domingo alcanzó su punto más alto ganando la media maratón más convocante de Sudamérica y aunque pasaron varios días aún le cuesta creerlo. Le escribieron militares de todo el país, lo recibió el Ministro de Defensa y, ahora, gracias al triunfo, le van a dar los permisos para que siga entrenándose como atleta de elite, “sin dejar de lado mis responsabilidades”, aclara. 

Su triunfo en Buenos Aires tiene un sabor especial: en julio estuvo a punto de colgar las zapatillas. “Tenía el sueño de estar en Río, pero me pasó de todo. Dos cirugías, una neumonía, ataques de pánico. Me llevó un año recuperar el nivel y recién en los 21k del año pasado, que fui segundo, empecé a sentirme bien”. 

 -Y fuiste a Valencia a buscar la marca para los Juegos... 
-Si, me gasté todos mis ahorros y una semana antes se me desgarró el tendón de Aquiles. Viajé igual y no la terminé. En enero como última chance fui a Rotterdam. Estaba en mi mejor momento, entrené como nunca y estaba convencido de que lo iba a lograr. Corrimos con Mastromarino hasta el kilómetro 32. Y me acalambré. Elongué 30 segundos, arranqué y a los 200 metros quedé tirado en el piso llorando. Volví a Buenos Aires y no quería correr más. Largué todo”. 

Sus amigos lo convencieron. Y se preparó para los 21k que terminó ganando en un final electrizante: cuatro corredores (él con Roth, Frencia y Bárzola) llegaron con segundos de diferencia. “Hasta el kilómetro 18 fuimos todos juntos. Ahí, decidí apretar y escaparme. Tenía resto, pero parecían leones, les veía los dientes, por eso fui mirando para atrás para que no me pasaran”. 

Y por eso, pisó mal y casi se cae... “Cuando me tropecé me acortaron un poco, había un pozo, una grieta en el asfalto, ni la vi. No me caí de casualidad. Me quedó un poco hinchado el tobillo pero estoy bien. Fue inolvidable”, relata. 

¿Y ahora? El 9 de octubre serán los 42k de Buenos Aires y si su sueño es Tokio 2020, es un buen momento para empezar. “Estoy con psicólogo por la maratón, hasta ahora no la pude terminar. Las veces que he corrido, he salido para 2h15 ó 16, pero me terminé quemando arriba. Tengo temor. Si es por mis tiempos debería salir una buena marca. El sueño de mi vida es poder estar en Tokio, así que voy a tener que empezar...”.