martes, 16 de julio de 2013

Mis primeros 30k


Fede Rozenbaum tiene 37 años, es periodista de Olé y es otro fanático del Running.
Corrió 4 veces los 42k pero por primera vez se animó a esta nueva experiencia de los 30k.
Y en primera persona me dejó estas líneas para compartir.
¿A vos cómo te fue?

En estos casos se empieza por el final. Y el final te regala un tiempo de 2 horas y 19 minutos. Es lo que dice el reloj de estos primeros 30k de Buenos Aires Sur. O sea, estás lejos de ser Abebe Bikila, pero algo es algo: un promedio de 4.38 por kilómetro no está nada mal. Terminaste con tres ampollas, con una uña negra que pide el alicate, con los gemelos como si estuvieran recubiertos de hormigón armado. 

Y ahora te sentás frente a la computadora para tratar de recordar lo que tu cuerpo te dijo durante esa mañana de domingo, bien temprano, en el Sur de la Capital Federal. Pese al soberano cansancio, valió la pena la distancia extraña y este circuito heterodoxo para el mundillo del running argentino. 

La salida es desde el Autódromo Oscar y Juan Gálvez. Corrés por la pista de los Fórmula Uno, tomás bien las curvas, picás en la recta, pasás por donde pasan los coches quemando cubiertas y tus piernas empiezan a pedir un rato de boxes. Falta mucho, claro. En la semana tres personas te habían preguntado si vas al médico con frecuencia, si te hacés un chequeo. No, nada de eso. Ahora estás yendo a 4m15s por kilómetro y no tenés tiempo para llamar a la obra social a pedir un turno.

Después te sumergís en la Avenida Roca, una calle gris y ancha. Un grupo de música levanta, toca un tema de No te va a gustar. Y el paisaje sí te termina gustando.

Llegás a la Avenida 27 de Febrero. Es una símil autopista que serpentea el Riachuelo. A tu izquierda ves mugre, mierda, agua negra, bolsas de nylon. Recordás que en la semana un concejal dijo haber visto peces en estas aguas. Sólo avistás un cardumen de botellas que viajan sobre el carrito de un caballo.

Son dos vueltas por el Riachuelo. No te dan ganas de tomar la botellita de mineral que te acaban de dar las chicas de la organización. Ya llegaste a la mitad del recorrido. Volvés a entrar en una zona del autódromo. Y volvés a salir. Volvés y volvés, porque no es fácil hacer un circuito de 30k en Buenos Aires. Y de pronto te encontrás con el Parque Roca. ¿Acá juegan la Davis, no? Sí, pero hoy no. Un perrito sin pedigrí te acompaña hasta la puerta.

Kilómetro 23. Y es cuando empezás a aplicar las matemáticas: si mantengo este ritmo le puedo bajar dos o tres segundos el promedio de la carrera anterior, si aprovecho la curva, si me olvido de los dolores, si...

Sí, ya estás en el Parque de la Ciudad. Bah, en lo que fue el Parque de la Ciudad. Hay montañas rusas abandonadas, una calesita que alguna vez dio alegría, una torre más alta que el Obelisco, cochecitos tirados. Hay mucho óxido. Y vos necesitás oxígeno.

Queda poco. De nuevo la Avenida Roca, de nuevo cruzar las vías, de nuevo entrar al Autódromo. Y sí, ya estás ahí. Lo lograste. Sólo querés dos cosas: una cama y una almohada.

Hernán Sartori, periodista de Clarín, también escribió su crónica para el diario: hacé click acá.

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