jueves, 19 de diciembre de 2013

Así se vive un arco

Julián no es un Trotador más. El Vikingo es uno de nuestros fotógrafos del equipo, que nos acompaña a todos lados y nos llena de recuerdos en cada carrera. En especial, claro, es el fan de su mujer Silvia, una compañera espectacular (una de mis liebres) que este año debutó en la Maratón de Buenos Aires y metió un carrerón. Son una pareja especial, amantes de la naturaleza y navegantes frecuentes. El Vikingo acompañó muchísimas veces al equipo y a su mujer (en los 21k de Mendoza vino con nosotros a la largada, de noche y con frío, y nos sacó unas fotos geniales) pero esta vez le picó el bichito de ver de qué se trata esto de disfrutar de una carrera.

Y, por primera vez, invirtieron los roles. Silvia lo siguió en los últimos kilómetros y filmó esta espectacular llegada. Si nunca viviste qué es eso de cruzar un arco, en este video podés sentirlo en carne propia: me recuerda a los últimos metros por Figueroa Alcorta, a cerquita de completar mi primera maratón. Este video casero que, ellos me cuentan, los emocionan cada vez que lo ven, es eso. Y, debajo, el relato del Vikingo en sus primeros 10k, nada menos que en Mar del Plata.




 "A una semana de mi primera carrera, los 10k MdQ, es exactamente el mismo tiempo que pasó entre que me decidí a correrla y la carrera en sí. Hace ya un año y medio que estoy en Trotadores Urbanos y es cierto que todos debutan mucho más rápido, pero cuando hablé con Pablo (mi entrenador) fui determinante: “No me interesan las carreras, me interesa moverme.

Julián y Silvia, filmando atrás.
Mi entrenamiento siempre consistió en pasadas, aunque nunca había pasado la media hora de fondo. Hasta que dos semanas antes de la carrera, por insistencia de Juan Pablo (NdR Juampi merece su propia historia también), un martes lo acompañé con su fondo y vi que “bien de base” no me representó un desafío y me hizo pensar “¿hasta donde aguanto este ritmo?”. El jueves un “¿te animás a una hora completa?” me llevó a hacerlo. Y me sentí muy bien. Ahí mi cabeza enloqueció:  “¿10k en Mardel? ¿por qué no?”. El sábado, en vez de ir a buceo, me fui a correr, lo que terminaron siendo unos 8k tranquilos que aceleraron más mi cabeza y dejaron más tranquilo a Pablo, quien me dio el ok para correr.

Así llegó el martes y una horita de fondo. Con ganas y mirando la carrera fue una hora y cuarto... Y mi cabeza dijo "ya están los 10k". El viernes salimos para Mardel, muy relajado. Pensaba "si llego al trote está bien, si llego caminando también", al fin y al cabo, mi idea era disfrutar mi primera carrera.

El Vikingo y el saludo de los Trotadores.
Y empezó la cuenta final... ¡a trotar! Bueno, a caminar por que había demasiada gente. Pasó la largada y arrancamos y se viene la primera cuesta y, a contramano de las recomendaciones previas (“no te quemes en las subidas, ¡caminalas!”) decido mantener el ritmo y el grito de un compañero de la secundaria desde un hotel me llena de pilas y sigo corriendo y mirando el mar, que estaba lindo como pocas veces y tiene un velerito navegando. Primer puesto de hidratación, que no tiene agua, y me empiezo a cruzar compañeros en sentido contrario que alientan. Segunda cuesta y mantengo el ritmo y entro al espigón norte y otra corredora del grupo me pasa agua ¡por fin! Casi kilómetro 5 y yo derritiéndome, el calor se vuelve insoportable y llega el baldazo de agua del puesto de hidratación (¡literalmente!) y sigo más fresco y mirando el mar, ¡qué lindo que está!  

El recuerdo de la carrera
¡Qué lindas las playas con poca gente! Otra cuesta más, esta la camino y me pongo a darle ánimos cual experimentadísimo corredor (¡caradura!) a una señora que también va caminando. Kilómetro 8 y yo sigo "paseando" por la costanera. Llegó Silvia, mi mujer, con todo un kiosko encima: corrió sus 10k, agarró agua, Gatorade y naranjas y se vino corriendo 2k a buscarme! La subida del Torreón del Monje... puffff, a caminar. Pero ya estoy, ya veo el primer arco y veo el montón de Trotadores esperando y me reconocen y me empiezan a alentar... Y alguna lagrimita se me escapa y acelero, es tremendo lo que genera que te alienten a los gritos. Silvia me dice “tranqui no aceleres”, pero no le hago caso y cada vez más gente grita y a pocos metros de la llegada acelero más todavía... No tengo idea de cómo no me quedé hecho un calambre pero sigo, sigo, sigooo... Y siiii manoteo MI MEDALLA. Y un abrazo y beso cierran mi carrera perfecta.

La llegada de Juampi, que también tendrá su post acá pronto.
Perfecta porque nunca me la planteé de otra manera más que disfrutando el recorrido, disfrutando de correr los últimos dos kilómetros con mi mujer y disfrutando cruzar la llegada con los gritos de los compañeros de entrenamiento. Un placer completo tener la posibilidad de meter mi primera carrera así y haber terminado entero y de haberme dado el lujo de cruzar el arco a 4:37 m/km, ¡Qué inconsciente! ¡Pero qué lindo! Y qué lindo sentirse tan acompañado y que todo el grupo te felicite...".







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