lunes, 20 de enero de 2014

Todos fueron Meg

La historia de Meg Menzies es de esas con las que todos nos sentimos identificados. O vos corrés, o tenés una amiga que corre, o conociste a alguien a quien le encantaba salir a trotar. Esta chica americana de 34 años era madre de tres chicos, amaba ponerse las zapatillas y tenía una vida normal. Hasta que un borracho la atropelló y la mató, mientras ella hacía lo que más le gustaba: correr. Su historia traspasó las fronteras de Richmond, Virgnia y dio vuelta al mundo. Tanto que este fin de semana hubo campañas para juntar fondos para ayudar a su familia en varios lugares de Estados Unidos y más de 90.000 corredores completaron desde distancias cortas hasta maratones para recaudar y colaborar con una causa de las que hay más de lo que parece.

Será porque somos muchos los que salimos a correr y tenemos cuidado y así y todo lidiamos con los imprudentes al volante, en cualquier ciudad, en cualquier pueblo, en cualquier rincón, que muchos en el mundo se conmovieron con esta historia.

Este relato fue sacado del Facebook de Loren Adair Solano, una habitante de Richmond que decidió pasar por el monolito en el que la gente decidió rendirle homenaje a Meg, nada menos que dejando sus zapatillas.

"Me levanté al amanecer para sacar fotos del Memorial de Meg. Menzies fue atropellada y asesinada por un conductor borracho mientras corría en la mañana del lunes pasado. Desde ese momento, su historia se propagó e inspiró a la gente alrededor del mundo a correr en su memoria. No conocía a Meg. No sé por qué su historia me afectó tan profundamente. Quizá porque también soy madre de nenes pequeños, quizá porque también soy una corredora. Pero me fue imposible quitarme su historia, su familia, sus bebés fuera de mi mente.

Entonces, me paré ahí esta mañana, con un nudo en mi garganta, sacando fotos de una de las más poderosas imágenes que fotografié. Como yo, un hombre detuvo su auto y se paró conmigo. Me preguntó si la conocía.  Le dije que no. Se quedó en silencio conmigo. Después de un minuto, le pregunté si él la conocía. Si, me dijo, "ella era mi esposa".

No estoy segura de qué le dije después de eso, me quedé ahí llorando, tartamudeando, imposibilitada de encontrar las cosas correctas para decir. El fue muy amable. Me dijo que me vio y sólo paro a agradecerme.

En mi camino a casa, pensé en las cosas que me hubiese gustado decirle. Me hubiese encantado poder expresarle lo tremendamente apenada que me siento por su pérdida, cómo me hace sentir físicamente cuando pienso en esos chicos que van a crecer sin su mamá, cuán enojada me siento por lo injusto de todo eso. Me hubiese encantado hablarle con coraje. Pero no. Quizá no fue necesario tampoco.

Meg Menzies
Quizá todo lo que necesitaba decirle era Gracias, Sr. Menzies. Gracias por detenerse a hablar conmigo. Gracias por hacernos parte. Gracias por compartir a su esposa con nosotros, su vida y su legado. Meg ha llegado a tantos, inspiró a tantos y nos recordó a todos lo maravilloso de vivir. Una de las cosas que dijo esa mañana fue que le hubiese gustado que ella estuviera ahí para ver todo eso. Cuando miro la foto tengo la sensación de que, de alguna manera, ella estuvo ahí.

Runners recordando a Meg.
Este es el Facebook: https://www.facebook.com/loren.rosado.9?fref=ts





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