lunes, 17 de febrero de 2014

#ElCruce 2014: segunda parte

Cosas que pasan en los camps...
El Camp1 fue el único que realmente pude disfrutar, en el relato se enterarán por qué. Eso también es parte de esta experiencia. Sentarte en las mesas a comer con cientos de corredores, compartir la experiencia vivida un rato antes, contar las anécdotas del día, compartir dioxaflex, actron, ketorolac para el día siguiente (y eso que yo no soy de tomar analgésicos, pero bueno).

Con las demoras en la salida y la tardanza en la Etapa 1 por la espera, muchos completaron el recorrido en más tiempo del permitido (14 minutos por kilómetro era el tope), pero no hubo descalificaciones. Sí muchos que dudaban en salir al día siguiente: “Otro día así no aguanto”. En la primera charla técnica, allá por noviembre, Tagle había avisado que la Etapa 2 era la más complicada, con una subida a 2.000 msnm, por eso la preocupación. Todos los miedos quedaron en el olvido ante el primer plato de fideos. Comimos como enajenados, recién llegados de Expedición Robinson. A saber: un plato de fideos, medio chori, un pedazo de carne, una pera, melón, sandía y un café con leche. Eran las 20, pero nadie había almorzado y menos merendado. Una hora después, seguía llegando gente. Y mi compañero aprovechó para repetir los fideos. Había que reponer fuerzas. Ponele (?).

La noche nos agarró aún abajo de la carpa comedor. El lago en el que supuestamente nos podíamos refrescar pasó a ser una leyenda, yo jamás lo vi. Había ganas de charlar sobre lo que nos había pasado. Y de saber cómo venía el viernes. Con la luz de las linternas llegó el video del Día 1 en la pantalla gigante y la charla técnica. Desayuno desde las 6, bolsos desde las 7, salida del Camp 1 desde las 8. La largada se retrasaba. Nos llamó la atención que nos recordaran que las linternas eran obligatorias en la mochila de carrera, después entenderíamos por qué. Además, ya se hablaba del cambio de recorrido.

Etapa 2
Todo el abrigo que no tuvimos para la Etapa 1 la llevamos para la 2. Viajamos en los micros algo más de una hora (uno de ellos se rompió y los corredores fueron parados hasta la largada), hasta una colina. De ahí, fueron 3k caminando y con lluvia. Con la banda de Factor Running Radio, muertos de frío, intentamos averiguar cuántos kilómetros tendría el recorrido. Primero dijeron que eran 20 de ida y 20 de vuelta. ¡40 después de los 44k del jueves! Después, el mismo Tagle comunicó que era de 23k y un carabinero nos aseguró que, hasta el lago y la playa Las Gaviotas había 11,5k de ida y 11,5 de regreso. PERO NO.

El equipo de Factor Running Radio.
Largamos casi al mediodía con un poco de cielo celeste que amagaba mostrarse. Y sí, con todo el abrigo que llevamos, era obvio: los primeros dos o tres kilómetros fueron de un lento striptease no muy sexy. Primero el piloto, después las calzas largas, hasta quedar en cortos y remera. Sol y calor y un camino con muchas subidas, largas pero secas al menos. Fue complicado porque muchos dejaron hidratación y alimento en la largada, convencidos de los 23k anunciados. Y llegaron con sed a la llegada. Y a las puteadas, claro.

Fue un recorrido absolutamente diferente al planificado: siempre bordeando la playa, no pasamos ni cerca del volcán Puntiagudo. Además, aunque no siempre te cruzabas de frente, era ida y vuelta, por lo que se repetía una buena parte del camino. A mi me costó disfrutarlo: la pierna derecha dolía en las subidas y empezó a doler en las bajadas también, cuando había que trabar, consecuencia del esfuerzo del día anterior y supongo que también las pocas horas de sueño. Confieso que para subir, además de prestar mucha atención al braceo y la respiración, copié la técnica de Paula Radcliffe (recordwoman de maratón) que conté en la radio: para no sufrir, contaba de 100 a 0 sin mirar la cima. Así, se pasaban un poco más rápido. Y parecía dolerme menos.
Subiditas.

Tras pasar una cascadita en la que me gané el apodo de #LaGarzaVillapun (bueno, soy un poco más alta que mi compañero y el agua apenas me llegaba a las rodillas), nos cruzamos con Luis Pérez, el crack que corre con alpargatas y que ya lleva un par de Cruces en el lomo. Mientras Damián trotaba y charlaba con él, yo intentaba no perder ritmo y calculaba el kilometraje. No me daban las cuentas. Habíamos pasado un cartel que anunciaba 7k hasta la playa Las Gaviotas, pero ya bordeando el Lago Rupenco, el recorrido seguía. Al pasar la tranquera, el camino se hacía de ida y vuelta en la playa (recuerdo haber pasado a una familia con un hermoso Waimaraner que le tiró un tarascón al glúteo de un corredor, por suerte sin éxito). Ya habían pasado los primeros, una pareja brasileña, Daniel Simbrón y Pablo Ureta (la dupla ganadora), algunos de mixtos y de chicas. Era un lugar ideal para los tramposos que buscaban cortar camino, y se dice que los hubo. Eso y que a varios que venían detrás los obligaban a doblar ahí (lo sé porque les pasó a Euge y Caro) aunque algunos insistieron y respetaron el recorrido y al resto de los competidores.

Hacia la derecha se abrió un camino decorado con una alfombra verde y eterna. Una subida extensa por la pradera que recorrí al grito de "¿dónde está Laura Ingalls?", por Dios era igual a Walnut Grove. Fue el momento de mayor temperatura: por fin había salido el sol y no había mucho árbol para cubrirse. Se veía hacia el horizonte una interminable fila india de mochilas que iban al mismo paso que yo. Con Damián nos tomamos un par de minutos para comer (sin parar de caminar), sacar algunas fotos y disfrutar un poco del paisaje, de los primeros que podíamos ver sin lluvia. Y, como todo lo que sube tiene que bajar, llegó la descarga para las piernas: la misma pradera pero hacia abajo (a esa altura, la pierna ya me dolía subiendo y bajando, así que me daba lo mismo).


El momento de relax llegó tras un camino boscoso: aparecimos en la costa y nos encontramos con los chicos de #RadioTVAtaca (Gus y Dani), con Merengue y Maratón (Meli y Pepe) y con Ale, que corrió solo por la lesión de su compañero un mes antes del Cruce. "Vení y meté las patas en el agua que te va a hacer bien", me dijeron y tenían razón. Fue fundamental esa sumergida, por el ánimo que me dio reirnos un poco y porque ayudó a anestesiar el dolor de rodilla (más precisamente el del tensor de la fascia lata). Ese fue el retome: según el GPS, era el kilómetro 21. Estaba claro que no serían 23...

¿Qué venía ahora? Playa. Piedritas bastante inestables para correr, como las del primer día en la largada. Aprovechamos para ponernos al día y hasta tuve tiempo para hacer una nota (que la van a ver los próximos días en el blog y también en Factor Running Radio). Con Gus y Dani se armó una charla de viejas de peluquería que mejor no reproducir, cantitos de cancha (nuestro grito de guerra con Damián era uno dedicado a All Boys que para qué ponerlo acá) y hasta competencia de sapito (si, no es en sentido figurado). Hasta que otra vez nos metimos en el bosque, a saltar charcos y trotar un poco más.
Tras pasar otra vez por la tranquera, repetimos el camino anterior. Subidas y bajadas en un camino rural hasta cruzar nuevamente la cascada, esta vez por un sector más lejano a la costa y sobre un puente. Faltaba poco, faltaban las subidas del principio, un camino de ruta, cruzar un puente de cemento (el único pedacito de concreto que pisamos por esos días) y cruzarnos con las familias lugareñas, que muy amablemente salían a las puertas de sus casas con jarras de agua fría que compartían con los corredores. De hecho, nos cruzamos con un muchacho que le había dejado un polar en la casa a unos vecinos desconocidos y lo pasó a buscar en el camino de regreso. Un crack. 

Ya estaba, tras un camino de tierra apareció el arco, sobre la izquierda. Hacía un buen rato ya que la pierna había dejado de molestar y por eso sólo caminábamos en los tramos en subida, mientras que trotábamos en los llanos y galopábamos en las bajadas y terminamos la Etapa 2 a buen ritmo. Fue una llegada feliz: había sol, mucho césped, una manguera que nos proveyó un poco de agua (no había hidratación) y muy buena energía. Los Cortadores Andinos (Marce y Marce) ya nos estaban esperando. Lástima que, tras elongar y subirnos a dos transfers (el primero recorría los 3k que habíamos hecho caminando al principio y el segundo que te llevaba al campamento), otra vez tuvimos un largo trayecto al camp2, tres horas de ruta en el que el clima volvió a cambiar y llegamos a Kosovo... Se viene la Etapa 3.
La llegada de #LaCorpo. Final de Etapa 2














Las fotos y videos son propias y de Club de Corredores.

Video de El Cruce Oficial Etapa 2


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