martes, 22 de abril de 2014

Un año después de todo

The Boston Globe
El reloj marcó las 4 horas y nueve minutos de carrera y los corazones se estremecieron. Aquel momento, hace un año y monedas, fue el minuto fatídico para tres personas y crucial para otras 264. Y le cambió la vida a una ciudad completa. Para siempre. Allí, ese 15 de abril, estaba Jessica Kensky. Junto con su marido Patrick Downes habían ido a la llegada de la maratón para disfrutar del evento más impresionante de la ciudad de Boston, que los había cobijado durante los últimos siete años y de la que iban a despedirse para mudarse a San Francisco. Vivían la fiesta, la misma que se celebra desde 1897, como todos los presentes. Hasta que las bombas explotaron y nada fue igual desde entonces.

Su destreza como enfermera de pacientes oncológicos graves le sirvió para reaccionar rápidamente cuando cayó al piso tras la explosión. Le hizo un torniquete en la pierna a su esposo, con el que llevaba apenas seis meses de casados en ese entonces, sin tener idea si quiera del grado de sus propias heridas. De hecho, tenía la espalda en llamas cuando un desconocido la apoyó contra el piso para apagarlas.

Cada uno fue trasladado a un hospital diferente, en donde intentaron recuperarlos. Los dos sufrieron la misma lesión: la amputación de su pierna izquierda. No es casualidad: ella estaba a cococho de él y por eso a los dos les impactó del mismo lado del cuerpo. Un amigo de ambos publicó una foto del día que se comprometieron y en seguida llegó la ayuda para costear el tratamiento de la pareja (Help for Patrick and Jess): en apenas tres días, junto con One Found, juntaron 500.000 dólares.

Meses y cirugías después, Jess finalmente fue trasladada al mismo hospital que su marido para luego pasar juntos a un centro especializado para la rehabilitación. "Si tiene que ser de esta manera, estoy agradecido de que seamos capaces de estar haciéndolo juntos, empatizo con ella de una forma en la que estoy cerca de su experiencia", explica. Les costó adaptarse a su nueva vida. Dejaron su casa en un tercer piso por un departamento que se adapta a sus necesidades y en el que también vive su hermana, que se instaló para ayudarlos.

"Como abrumador fue lo malo de aquel día, es lo increíblemente bueno que hace la gente ahora. ¿Cómo agradeces a la gente por todo esto?", se preguntan. Es que amigos, familiares y cientos de desconocidos ayudaron para poder seguir adelante, en lo económico y la logística de cada día. Y también en lo anímico y lo psicológico: a Jess le cuesta estar en un lugar sin estar mirando para cada lado.



Pero ahí está Jess. Un año después. Cruza la meta de la mano de su esposo. Los dos en sus handcycles. Ella salió primera, tardando 2:14:13. El quedó 17, pero no le importa. Ellos querían cruzar juntos esa meta, que no es sólo la de la carrera. Es la de la resiliencia, la de intentar recuperar lo que les arrebataron ese 15 de abril del 2013. "Así luce mi cuerpo ahora", dicen ambos. "Lo vamos a resolver. Cada día lo hacemos", repiten. Y siguen cruzando metas.

El video de la llegada

El audio de Factor Running Radio




La historia completa en The Boston Globe: http://www.bostonglobe.com/metro/2014/04/19/jess-and-patrick-one-year-later/njPh2G4baWRzmKC0lyh7CJ/story.html

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