miércoles, 18 de enero de 2017

"Voy al psicólogo por el maratón"

Entrevista publicada previamente en Diario Olé (8/09/2016) por Claudia Villapun


Diego Elizondo, ganador de los 21k del domingo, es sargento del Regimiento de Montaña. Sueña con Tokio 2020 pero lo atemoriza nunca haber llegado a los 42 k. 


Los militares tenemos campeonatos sudamericanos, mundiales y Juegos Olímpicos. Fui campeón en Colombia y subcampeón en Finlandia, Mi disciplina era el pentatlón militar, que incluye cinco pruebas. Natación con obstáculos, tiro de 200 metros, pista de combate, cross country y lanzamiento de granada...”. 




Se hace un silencio. Diego Elizondo lo dice con la soltura de quien está acostumbrado, pero al oído común suena extraño. No, no explotan y tienen dos objetivos: distancia y precisión. El ganador de los 21k de Buenos Aires y de la Copa Olé 20 años es sargento en el Regimiento de Infantería de Montaña en San Juan. Comenzó su carrera deportiva en el ejército, al que entró a los 15 años. Y cuando fue trasladado nuevamente a su provincia fue que decidió dedicarse específicamente a correr.

Este domingo alcanzó su punto más alto ganando la media maratón más convocante de Sudamérica y aunque pasaron varios días aún le cuesta creerlo. Le escribieron militares de todo el país, lo recibió el Ministro de Defensa y, ahora, gracias al triunfo, le van a dar los permisos para que siga entrenándose como atleta de elite, “sin dejar de lado mis responsabilidades”, aclara. 

Su triunfo en Buenos Aires tiene un sabor especial: en julio estuvo a punto de colgar las zapatillas. “Tenía el sueño de estar en Río, pero me pasó de todo. Dos cirugías, una neumonía, ataques de pánico. Me llevó un año recuperar el nivel y recién en los 21k del año pasado, que fui segundo, empecé a sentirme bien”. 

 -Y fuiste a Valencia a buscar la marca para los Juegos... 
-Si, me gasté todos mis ahorros y una semana antes se me desgarró el tendón de Aquiles. Viajé igual y no la terminé. En enero como última chance fui a Rotterdam. Estaba en mi mejor momento, entrené como nunca y estaba convencido de que lo iba a lograr. Corrimos con Mastromarino hasta el kilómetro 32. Y me acalambré. Elongué 30 segundos, arranqué y a los 200 metros quedé tirado en el piso llorando. Volví a Buenos Aires y no quería correr más. Largué todo”. 

Sus amigos lo convencieron. Y se preparó para los 21k que terminó ganando en un final electrizante: cuatro corredores (él con Roth, Frencia y Bárzola) llegaron con segundos de diferencia. “Hasta el kilómetro 18 fuimos todos juntos. Ahí, decidí apretar y escaparme. Tenía resto, pero parecían leones, les veía los dientes, por eso fui mirando para atrás para que no me pasaran”. 

Y por eso, pisó mal y casi se cae... “Cuando me tropecé me acortaron un poco, había un pozo, una grieta en el asfalto, ni la vi. No me caí de casualidad. Me quedó un poco hinchado el tobillo pero estoy bien. Fue inolvidable”, relata. 

¿Y ahora? El 9 de octubre serán los 42k de Buenos Aires y si su sueño es Tokio 2020, es un buen momento para empezar. “Estoy con psicólogo por la maratón, hasta ahora no la pude terminar. Las veces que he corrido, he salido para 2h15 ó 16, pero me terminé quemando arriba. Tengo temor. Si es por mis tiempos debería salir una buena marca. El sueño de mi vida es poder estar en Tokio, así que voy a tener que empezar...”.

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